El sol, principal enemigo de la piel (artículo de opinión)

Con los días de calor que estamos teniendo, los pantalones y camisetas cortos han salido disparados del armario para que nos sintamos un poco más frescos, y un año más, debemos tomarnos muy en serio la exposición al sol, sobre todo estos primeros rayos que inciden sobre una piel blanca que ha estado tapada los últimos meses.

Me ha parecido muy interesante un artículo de opinión sobre este tema que ha elaborado Jaime Peña, Director Técnico de I+D de CellActive y Dr. en Farmacología de CellActive, así que lo comparto con vosotros para concienciarnos un poquito más si cabe de lo dañino que resulta el sol cuando no se toma con precaución:

sol

El aumento de la exposición solar en verano es inevitable, ya sea por estar tomándolo en la playa o simplemente al realizar cualquier actividad cotidiana como pasear por la calle, exponen a la piel a un exceso de radiación ultravioleta que la penetra con efectos muy dañinos, sobre todo cuando es en abundancia y existe falta de hidratación.

En concreto este tipo de radiación, la ultravioleta (UV), es la causante del conocido fotoenvejecimiento, es decir, la degeneración prematura de la piel por exposición al sol. No se debe olvidar que la radiación UV en bajas dosis es fundamental, unos 10 o 15 minutos al día alrededor de 3 días a la semana es lo idóneo, ya que activa la vitamina D en la piel y potencia la asimilación del calcio, lo cual es especialmente importante en niños, ancianos y mujeres, sobre todo durante la menopausia y en casos de fracturas óseas.

A partir de esto surgen cuestiones como ¿ocasiona envejecimiento el sol? ¿cuál es el efecto tan perjudicial que causa en la piel? Para tantas preguntas las respuestas son varias. Por un lado, el daño más visible es la aparición de arrugas que se produce por la rotura del colágeno. Esta proteína con forma de largas fibras, es la más abundante en el reino animal y en nuestro cuerpo, y es la encargada de conservar la integridad de nuestros tejidos, es decir, de mantenerlos en su sitio como una red. Sostiene la piel en las zonas donde no hay huesos o músculos a los que aferrarse, como los lóbulos de las orejas, los senos o el cuello. La radiación UVB rompe las fibras de colágeno haciendo que este pierda su capacidad de sostén y haciendo que los tejidos se vuelvan laxos, se descuelguen y finalmente aparezcan las arrugas.

Por otra parte, el exceso de exposición al sol causa deshidratación en la piel, el cual es otro gran enemigo del colágeno. Si la dermis está convenientemente hidratada, esta proteína puede estirar hasta 20 veces su propia longitud, pero en caso contrario, se rompe fácilmente al estirar la piel. Por este motivo, cuando se engorda aparecen cicatrices en la piel, más conocidas como estrías.

Una de las consecuencias menos visibles por la radiación UV, pero no menos importante, es el daño que se produce en el ADN de las células y radicales libres. Esto resulta de una exposición solar demasiado prolongada, en las horas más intensas de radiación o por la carencia de protección. Se supera la capacidad de reparación del organismo y se producen ciertos daños. Estos deterioros son excesivos, se acumulan con el paso del tiempo y pueden desembocar en diferentes tipos de tumores o melanoma, siendo el principal factor de riesgo para su aparición.

Así, tanto desde un punto de vista estético como especialmente de salud, es necesario ser consciente de la importancia de la protección ante la radiación solar, evitando especialmente la exposición durante las horas de mayor intensidad y mantener una hidratación constante durante y, especialmente, tras la toma de sol.

Personalmente, en lo que respecta a los protectores solares, recomiendo la utilización de las protecciones solares físicas, en lugar de las químicas. Las primeras son consideradas naturales y totalmente seguras, como las cremas con Óxido de Zinc o Dióxido de Titanio, que protegen de la radiación al reflejarla, es decir, actuando como espejos. Mientras que las protecciones químicas, por el contrario, protegen de la radiación solar absorbiéndola y descomponiéndola, aunque cada vez hay más evidencia científica sobre su posible actividad alterando el equilibrio hormonal. Cabe destacar, que independientemente del protector, es importante renovar su aplicación periódicamente, incluso cada hora durante las horas del mediodía cuando los rayos son de mayor intensidad.

Existe una gran base científica sobre la actividad de los agentes antioxidantes y otros compuestos bioactivos de los extractos naturales de plantas como agentes protectores de las células, el ADN y contra bloqueadores de los radicales libres. Gracias al aloe, el hipérico o la caléndula han demostrado incluso en algunos casos revertir el daño causado por la radiación ultravioleta y contribuir al aumento de los parámetros de hidratación de la piel.

Otro elemento a tener en cuenta es el ácido hialurónico, que también ha demostrado una importante acción antioxidante, actúa hidratando en profundidad la piel ya que retiene varios miles de veces su peso en agua y se absorbe de manera activa favoreciendo la asimilación de otros principios activos que lo acompañen. Una piel sana es una piel protegida.

jaime peña

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